La Torca de los Morteros (Burgos) – Primera parte

La Torca de los Morteros es la entrada principal de una red subterránea de más de 9 kilómetros de desarrollo, excavada en el interior de la montaña de Imunía, la cual domina desde el Sur el imponente valle de Soba. Se desarrolla totalmente en materiales del Cretácico inferior, dentro del témino de Espinosa de los Monteros, Burgos. Su exploración y topografía han sido obra del antiguo grupo STD (actual Bathynellidae) y el G.E. Edelweiss.

Se trata, en síntesis, de una gran cavidad estructurada en niveles horizontales escalonados, constituidos por conductos inactivos, generalmente amplios. Sobre ellos se ha excavado una red activa más moderna, que desciende a través de grandes pozos, separados a veces por meandros, hasta alcanzar un nivel impermeable inferior, coincidente con una alternancia de capas de caliza margosa, areniscas y margas. En ese nivel (entre –350 y –400 metros de profundidad) las aguas son canalizadas a través de estrechísimos meandros o laminadores, impracticables al cabo de unas decenas de metros. La orientación grosera de la parte explorada de esos conductos activos parece sugerir un drenaje en dirección NNE, hacia la cuenca cantábrica, en sentido contrario al de la vergencia local externa, que es tributaria del río Trueba, afluente del Ebro (cuenca mediterránea). Sin embargo esta afirmación jamás ha podido ser constatada mediante una coloración.

Alzado esquemático proyectado sobre un plano W–E

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Situación

Las dos entradas a la red (Torca de los Morteros, o IM.3, y Cueva de Imunía, o IM.4) se abren a una altitud de 1280 metros, en la falda oriental del Alto de Imunía (1514 msnm). La torca lo hace en pleno escalón rocoso (la «Haza de los Morteros»; el topónimo se explica a la perfección debido a la presencia de tres bocas muy próximas, abiertas en pleno lapiaz). La cueva se encuentra en el fondo de una dolina, en el rincón de los prados de Imunía, a pocos metros de la anterior.

La Haza de los Morteros y las bocas de entrada

Las coordenadas UTM respectivas son:
IM.3 E 451690    N4777530    Z 1285 m
IM.4 E 451580    N4777420    Z 1280 m

El acceso hasta ellas, desde la carretera del Portillo de la Sía, resulta fácil, tomando, a la altura del kilómetro 11,5, un sendero que arranca en una curva y sigue el trazado de un viejo telesquí abandonado.

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Historia de las exploraciones

Descubierta en junio de 1979 por Pedro Bernardo, Carlos Medina y Carlos Puch (antiguo grupo STD, de Madrid), la cavidad fue rápidamente explorada, fundamentalmente a base de ataques de fin de semana. A finales de agosto de ese año, y luego de una modesta campaña estival a la cual se unieron varios miembros del Grupo Espeleológico Edelweiss, lo esencial de la red era prácticamente conocido. En 1981 la segunda entrada (IM.4) era unida al complejo, a la altura del Tercer Piso. En 1988, una escalada en el acceso al Cuarto Piso permitía explorar una nueva red de más de 1 kilómetro de conductos. El desarrollo total topografiado, luego de algunos pequeños sectores añadidos en años posteriores, alcanza 9.507 metros, para un desnivel máximo de 453 metros (–415 / +38 m).

Pedro Bernardo en la Torca de los Morteros
Pedro Bernardo en la Torca de los Morteros

1979 El grupo S.T.D. de Madrid (antiguamente G.E. Standard) localiza las entradas y emprende la exploración, ayudado por el G.E. Edelweiss (Burgos). En varios fines de semana y una modesta campaña durante el mes de Agosto se descubre y topografía lo esencial de la cavidad. Un punto bajo es alcanzado al término de un espantoso meandro activo (–415 m). El desarrollo explorado se eleva a 6.850 m (Spelunca 1979-3: 127).

1981 La Cueva de Imunía es enlazada a la red a través de una sucesión de pocetes semiactivos que desembocan colateralmente en la Galería Abominable del Tercer Piso.

Los pozos activos de comunicación de la IM.4 con la IM.3
Los pozos activos de comunicación de la IM.4 con la IM.3

1983 Escaladas en el Cuarto Piso, que no dan resultados espectaculares, y exploración de una nueva red descendente hasta –395 m (Pozos del Contubernio) y una galería cortocircuito en el mismo sector de la cavidad. Una escalada de 28 m en la sala terminal de la Cueva de Imunía permite superar la cascada y alcanzar el punto más elevado de la red (+38 m) (Exploracions 1983-7: 107; Spelunca 1983-12: 13).

1984 Exploración de una red de pozos que desemboca en una zona ya conocida desde 1979 (Exploracions 1984-8: 124).

1985 Aprovechando el importante estiaje del verano de ese año, los exploradores regresan al espectacular Pozo Amable (P 233 m) (Exploracions 1980-4: 74, 85) y atacan una red abandonada en 1979 por falta de tiempo. Varios saltos verticales de variada morfología les conducen hasta un pequeño torrente impracticable aguas arriba y abajo (–374 m) (Exploracions 1985-9: 129).

El autor instala un pozo al pie del gran P 233 m
El autor instala un pozo al pie del gran P 233 m

1986 Exploración de una red diminuta en el meandro de enlace entre los pisos Primero y Segundo. A finales de ese año el desarrollo explorado alcanza 8,8 Km, de los cuales han sido topografiados 8.210 m (Spelunca 1987-25: 31-37).

1988 El club BAT (Bathynellidae), formado por los antiguos elementos activos del STD, realiza durante el invierno dos escaladas en el Cuarto Piso, merced a las cuales explora y topografía casi 1 km de nuevos conductos freáticos antiguos. El desarrollo pasa a 9.191 m (Exploracions 1988-12: 46; Spelunca 1995-59: 38-47).

1997 BAT y G.E.E. exploran y topografían una red lateral que comunica la cabecera del gran P 233 m con el Segundo Piso. En paralelo a estos trabajos, el Grupo Espeleológico Ribereño (Aranda del Duero) realiza una escalada en la cabecera de gran pozo hasta un punto situado a unos 25 metros de altura, lo que presuntamente incrementaría su tamaño hasta casi 260 m.

Vista del flanco occidental de Imun�a y Peña Lusa
Vista del flanco occidental de Imunía y Peña Lusa

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Contexto estructural

La cavidad se desarrolla en el seno de una formación de calizas masivas (Bedouliense y Clansayasiense, en facies Urgoniana), acuñada en medio de una potente formación terrígena (Wealdiense), la cual constituye lo esencial del paisaje en este rincón del karst de Soba y Trueba. En la base y el techo de las calizas masivas se encuentran series de calizas margosas y areniscosas, margas, calcoesquistos y areniscas, estratificadas en bancos delgados, que alternan con otros de calizas poco potentes. Estas series suelen dar lugar a niveles impermeables colgados, que, en el caso de la Torca de los Morteros, marcan el piso hidrogeológico utilizado por las aguas para circular en dirección probable al valle de Soba. Dos conjuntos ortogonales de fracturas (E–W / N–S y ENE–WSW / NNE–SSW) han dirigido la excavación de las galerías y los pozos.

Sumidero relacionado con la Torca de los Morteros
Sumidero relacionado con la Torca de los Morteros

La cavidad recibe un aporte hídrico permanente, que proviene de los arroyos que discurren por el empinado flanco oriental del Alto de Imunía y el vallejo —excavado a favor de una falla— que desciende desde el pico de La Muela  hacia la depresión de El Hoyo. Estos cursos de agua se pierden rápidamente bajo tierra, luego de discurrir sobre las landas y cuestas areniscosas de la montaña, aprovechando, para ello, las discontinuidades de la roca. Rosarios de pequeñas dolinas y sumideros se reparten por la superficie inclinada situada por encima del trazado de las galerías hipogeas. Un vez bajo tierra, las aguas profundizan rápidamente, en razón de la verticalidad y el tamaño de los conductos utilizados (P 233 m, P 120 m, P 137 m…). Esos grandes pozos están instalados justamente sobre fracturas. La única excepción a esta norma general es la Cueva de Imunía, cuyo torrente presenta una circulación subhorizontal de cierto recorrido, por encima de un delgado banco margo-areniscoso de la serie que corona las calizas urgonianas, antes de precipitarse en un rosario de pozos excavados sobre una falla, y perderse al pie del último de ellos.

Cuando las aguas alcanzan el nivel impermeable profundo, la pendiente de los conductos se suaviza y las dimensiones se reducen considerablemente, hasta el punto de impedir el avance de los espeleólogos. De acuerdo con los datos disponibles, no es posible hacer conjeturas acerca de la virtual existencia de un colector subterráneo que reúna todos los caudales que circulan en la zona inferior de la red. Lo que parece acertado pensar es que las aguas se encaminan hacia el norte, en dirección a los ríos Argumal y Argumedo. Ello se explicaría razonablemente si se tiene en cuenta el poderoso efecto de succión provocado por el enorme desnivel hasta el fondo del valle cántabro de Soba, puesto de manifiesto en el gigantesco escarpe que domina el paisaje una vez rebasado el Portillo de La Sía. Estamos, posiblemente, ante un fenómeno de captura, nada infrecuente en entornos kársticos cercanos.

(Las fotografías que ilustran este artículo son del autor).

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